Texto y fotos: Nicole Pabón, Periodismo UDLA

El 19 de noviembre de 2019, cerca de las 20h00, inició el conversatorio sobre el libro Cuarentena: los encantamientos de la democracia. Fue dirigido por la editorial El Conejo y La Barra Espaciadora. El objetivo era evidenciar que, al igual que en el libro, ellos no están para hablar de democracia desde la solemnidad, sino desde el humano que la vive con el pueblo. 

Santiago Larrea, director de la editorial El Conejo, dio inicio al evento, dando la bienvenida a los que lo protagonizarían: los cronistas Luis Fernando Fonseca y Julia Ortega, moderados por Gabriela Montalvo. 

Gabriela, ferviente feminista centrada en economía y cultura, comenzó diciendo que apenas Diego Cazar, editor del libro, la invitó a moderar, tuvo que leer una definición de democracia para entender qué significados le han dado las personas en los últimos años y cómo realmente se la está viviendo. Así, comenzó el conversatorio dándoles la palabra a ambos periodistas, cuestionándoles qué fue lo que los llevó a escribir sus crónicas. Julia Ortega, comunicadora, destaca que la iniciativa del libro nació de un encuentro cotidiano de Cazar y Larrea, y enfatizó que por los 40 años de la democracia no se había realizado nada. Casi como si fuera un intento de dejar los hechos bajo la alfombra e ignorarlos. Dijo que no se siente cómoda desde el feminismo, pero que es imposible no tomar en cuenta todo el trabajo que han hecho las mujeres para que ellas y futuras generaciones no sea violentadas por el simple hecho de ser mujeres. Mencionó que hubo tres eventos en 2019 que mancaron historia, el asesinato de Diana, la marcha de las Lunas Rojas y la negación de la despenalización del aborto por cinco votos. Las mujeres no son dueñas de su cuerpo y el estado o se queda corto en seguridad o se opone a ellas por ser luchadoras en lugar de ayudarlas. 

Luis Fernando Fonseca, periodista de El Telégrafo, por su parte se centró en el gobierno de León Febres Cordero y sus graves falencias. Menciona que su padre siempre estuvo a favor del Partido Social Cristiano, y que uno de los fines de su crónica era responderse por qué él era así, por qué apoyaba a un partido que incluso después de la restauración de la democracia, oprimió y luego intentó reconciliarse con el pueblo. Toma el testimonio directo de Mauricio Samaniego, joven revolucionario de Alfaro Vive Carajo. A los 18 años, él y la mayor parte de los jóvenes tenían una profunda conciencia de izquierda, llevados por los ideales de grandes rebeldes como el “Che” Guevara.  Fonseca toma este testimonio por su complejidad y completitud al ejemplificar la tortura de los años de Febres Cordero. Uno de los hechos que más lo impresionó fue evidenciar cómo un joven de 18 años puede perder a ese punto la inocencia, y cómo ese cambio va mucho más allá de la democracia. Dice que al Estado hay que recordarle los delitos que comete, para no vivir en una ilusión democrática o en un divorcio histórico.